Señores de la Guerra

La Tronera de Celemín

Al•lahu-àkbar

Nervioso, Taleb mira de reojo a ambos lados. Acaba de entrar en el estadio. Fuera hace un frío del carajo. El invierno es un aliado, le dijeron sus instructores. Todo el mundo viste con mucha ropa de abrigo y es difícil cachear exhaustivamente a todos los aficionados. Lleva un chaleco con tres placas de Danubit de pegadas a su cuerpo. En el abrigo, dentro del forro, tiene decenas de tuercas cosidas. Pesa bastante pero Taleb es un chicarrón fornido de espaldas anchas y brazos de bombero. Pegado a la manga del abrigo, un detonador que, una vez acomodado en su butaca, asirá con firmeza para apretarlo fuertemente en el momento oportuno y que todo salte por los aires.

Taleb tiene miedo. Mucho miedo. Sabe que va a morir y que su muerte provocará decenas de otras muertes de gentes inocentes. Gentes que sólo han ido a ver un partido…

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