Justicia Social

La Tronera de Celemín

El conde-nado

Anochecía en la aldea. La oscuridad iba tomando posesión lentamente. Solo el fuego rompía la monótona falta de luz, delimitando almenas y torreones. El castillo ardía en el patio de armas y del mástil que izaba el pontón, colgaban dos cabezas.

Durante años, el conde hacía y deshacía. De su voluntad dependía la vida y la muerte de los desgraciados que malvivían en su territorio. De su voluntad, de la cosecha y de las lluvias, dependía la comida de los siervos y su familia. De la voluntad de la señora y de sus ganas de intimidad con el conde, dependía que cualquier mínima afrenta se convirtiera en una sentencia de muerte.

Los villanos, en su calidad de libres, pobres pero libres, se habían quejado en multitud de ocasiones al Rey. Éste había llamado a la corte en numerosas ocasiones al malvado cortesano. En cada una de éstas, el…

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