Más hijoputismo

La Tronera de Celemín

Muerto el perro…

Amanecía. Las primeras luces del alba salían por poniente. ¿Poniente? Apresuró el paso hacia el Cerro de las Viñas. Desde allí vería mejor el lucero del Alba. Según iba subiendo por el sendero, la luz blanca se iba convirtiendo en amarilla. El Lucero del Alba se trastocaba en una enorme masa amarilla y roja. ¡Fuego! ¡Era fuego el resplandor que adelantaba el día! Airis ardía por los cuatro costados. Algunos hombres luchaban inútilmente contra una masa ingente de calor y fuego. No había mujeres, ni niños y los hombres de los cubos no eran más de diez. ¿Dónde estaba el resto?

¿Quién impediría ahora que el pueblo engrosara los cientos de hectáreas congregadas por el Marqués?

Si no había más manifestaciones, el Marqués tenía vía libre y sin la necesidad de tener que verlos diariamente junto a la verja de su casa.

*****

No tenemos la eficacia…

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