Casa Querida

Hace unos meses, llegamos a la dolorosa pero irrefutable conclusión de que no sólo había hogazas de sobra para tanta cantidad de embutido suelto y desperdigado por nuestra corrupta geografía, sino que el hispánico chorizo había mutado en fabricante oficial de su propio caparazón de levadura, harina, sal y agua. La evolución de su destreza criminal da muestras de no detenerse; al contrario, perfecciona su heterodoxia prevaricadora a velocidad interestelar. A día de hoy, resulta evidente que, entre ruido de amputación y heridas abiertas, todo el revuelo cotidiano de esta sociedad golpeada y que se golpea con desmayo no ha percibido que el choriceo ibérico anuncia discrétamente la inauguración de su propia panadería, con productos tradicionales en el contexto histórico de estas tierras y, por supuesto, todo hecho a mano y con impune masa.

Como producto estrella, destaca en los expositores lo nunca visto por el mercado interno desde que…

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